viernes, 1 de septiembre de 2017

El Trenecito


Hemos querido recuperar este relato fresco y directo de nuestra compañera Chus, que refleja perfectamente el buen fin de semana que pasamos en el entorno de Valporquero, antes del verano y ya bien entrada la primavera.


Ya pasados varios días de la vuelta de Valporquero, pero todavía con muy buen recuerdo. En dos grupos, por un lado Hevia, Desi y yo salimos de Guadarrama a las 18:30 con Alberto y su tanque, ni te enteras del viaje. Nuestros compis Juanillo, Antonio y María, con algún empujoncito, buena suerte y dejándolo en la cuesta, llegaron a León e incluso les trajo de vuelta. 

Tras asomarnos por la zona de picnic, se decidió dormir en el porche de la iglesia de Valporquero. Una habitación con estupendas vistas, las estrellas para dormir y por la mañana la montaña, el bosque de hayas y los pipis.


Un desayuno en el césped al solecito,  y toca diana, bajar a la cueva. Con un coche de apoyo la aproximación es sencilla, y se llega andando por el relicto bosquecillo de hayas. Mientras nos embutimos en el neopreno, observamos desde lo alto que no dejan de llegar furgonetas de empresas de aventura. De cada una se bajan entre 8 y 10 chorizicos ya dando saltitos, empieza la temporada ... Ya alguno organiza para el 3 de junio un aquatráil por la cueva.

Por suerte no había nadie bajando por las Perlas, solo usan la zona acuática. Empezamos a bajar a las 12, primero la campana hasta el púlpito , ¡¡¡25 m qué maravilla de sala!!!, paso por la cabecera estrecha,  ya sin mucha visibilidad, pozo tras pozo, mucho respeto, y cada vez más goteo de agua en la espalda, más y más fresco nos indica que vamos llegando a la línea de agua... Y ya el último de 30 m.




Pues ya no queda otra... al agua, a bajar un barranco de noche; la calidez del grupo me hace olvidar el frío, ¡¡¡qué pasada de colores y de formas!!! El nivel del agua era aceptable y bastante fresquita. Al grito de EL TRENECITO!!!!!, Hevia encuentra el tobogán y los demás detrás, pero de uno en uno... jaja!! A la salida, el esperado paso de la M, hay dos estupendas escaleras pero ya no hay sifón, tengo que reconocer que ya me sobraba. Se ve la luz, sales a una sala amplia, parece que estás ya a nivel del suelo, y sorpresa!!, son las copas de los árboles, un pequeño destrepe a la salida de la gran cascada, otros 25 m... con el toque final bajo el chorro. Para la vuelta se cruza el rio y en unos 500 m andando por la carretera llegas al bar.








Ya secos, cervezas, calditos y helados; el abuelete del bar muy simpático, nos ha guardado las llaves del coche. Al día siguiente una ruta circular, por 4 valles, 11 km , al solecito, se sale andando desde la misma iglesia. Hevia con su GPS nos corrige la ruta varias veces que nos salíamos por la tangente. En esta época se pueden ver pequeñas orquídeas, extensos pastizales, rodeados de unas montañas curiosas que van desprendiendo conchas que acaban en el camino.  

'Tierra caliza, áspera y luminosa, plagada de simas, cuevas y profundidades, la oscuridad del subsuelo nada tiene que ver con la amplitud de sus vegas y sus pastos, con el cromatismo de sus bosques en otoño o con la riqueza de la vida que alberga.









Pocas fotos esta vez, pero hay videos....vamos mejorando !!!! con muchas ganas de verlos!!!

Mil gracias Desi, Alberto, Hevia, Juanillo, por enseñarnos estos maravillosos rincones de la tierra y cargar con nosotros, y a los compis del nocurso Maria y Antonio por ser cómplices de este finde. Y a los que no han podido venir.... que leéis esta parrafada... jaja!!! 

Texto: Maria Jesús Celaya “Chus”
Fotografías: Chus y Juan Bueno “Juanillo”

miércoles, 30 de agosto de 2017

Campaña de exploración Bejes 2017


Siete son los días de la semana, siete las notas musicales, siete los mares y siete los pecados capitales. Son siete las Maravillas del Mundo y los enanos de Blancanieves. También siete, los samuráis, las vidas del gato, los colores del arco iris y los reinos de Poniente. Y siete los que este año acudimos a la campaña de Bejes. Por el FLASH contábamos con Jose (Hevia), Juan (Juanillo), Jorge (Gorje) , Miguel (Burris) y Juan (Cuadro) y por el Tracalet, Anna y Paco. También contamos con el apoyo logístico de Vicent que pese a estar convaleciente de una operación ocular nos brindó su inestimable
ayuda.

Tras esta estúpida forma de enumerar los asistentes a la campaña hay que decir que en el G.E.FLASH nos gusta llevar las actividades espeleológicas lo más planificadas posible. Sobre todo cuando se trata de una campaña de exploración como la de Bejes. Sin embargo hay que reconocer que a veces, cuanto menos preparas algo, más éxito tienes.



Por circunstancias personales y sin ánimo de que se convierta en la norma, este año hemos acudido a nuestra cita anual tanto con nuestros compañeros del Tracalet como con las simas de Picos de Europa, sin reunión previa con ellos ni una idea muy clara de lo que íbamos a hacer en el macizo. Incluso el permiso para explorar nos llegó a última hora y solo gracias a la insistencia de Juanillo. Sin embargo teníamos en mente algunas incógnitas que se nos antojaban como impepinables y que veníamos comentando desde la campaña del año pasado, en las zonas del Samelar, Panizales y el Vao de los Lobos.

Habría que mencionar que durante la semana y a efectos de la exploración, nuestras fuerzas han quedado mermadas. De los siete, dos hemos padecido una gastroenteritis que nos ha dejado fuera de combate durante al menos tres días (he aquí la importancia de potabilizar el agua que tomamos de ciertos sitios), otro acabó en el hospital debido a una piedra que le impactó, afortunadamente, en el brazo (he aquí la importancia de tener mucho cuidado con las piedras y limpiar bien al explorar) y otros dos no estaban, todavía capacitados para algunas verticales debido a su inexperiencia, que no a su ímpetu ni ganas. Aún así el balance general ha sido más que positivo.

En las simas de la cara norte del Samelar, además de revisar varias incógnitas, algunos de estos objetivos implicaban intentar progresar por zonas inundadas que se habían abandonado bastantes años atrás por motivo del agua. Así como prospectar la zona exterior que sabíamos que no estaba bien mirada. Aprovechándonos de la experiencia de Jose como espeleobuceador, la idea era usar el neopreno para ver el estado de esos pasos inundados después de bastantes años sin entrar y en los que hay menos precipitaciones. Así como comprobar si sería factible bucearlos. Este era el caso de las Torcas de la Topinoria (SN2) y de Brañarredonda (SN3). Respecto a ésta última, la SN3 de -456 m y 2135 m de desarrollo se trataba de nuestro principal objetivo. Sin embargo, tras uno de nuestros “cónclaves” decidimos centrarnos en objetivos más modestos y dejar la idea para el año que viene. Explorar una cueva de esta envergadura nos llevaría, seguramente la mayor parte del tiempo y material, teniendo que renunciar a las otras simas. Aún así, Juanillo envió sus gafas de sol al fondo de la torca a modo de drone explorador. A ver qué nos cuentan el año que viene…




De este modo, nos decantamos por la Torca de la Topinoria. Bonita, vertical y fresca cavidad de -180 metros que nos costó bastante encontrar entre la niebla. Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, el pateo sistemático con GPS para buscarla nos brindó varias sorpresas desconocidas que a partir de ahora se llamarán SN 6, 7, 8 y 9 y de las que más adelante hablaremos.

Así pues, en un par de entradas, se reinstaló parte de la sima (aunque sorprendentemente los anclajes que se pusieron en 1994 parecían estar en condiciones aceptables) y exploró por cuatro flasheros de pro: Jose, Gorje, Juanillo y el que subscribe. La punta de exploración alcanzada por los dos primeros (los dos únicos sanos por entonces) nos dejó buen sabor. Jose aprovechó el spa y dándose un buen baño de barro, descubrió que tras una zona embalsada con más lodo que agua y que ya sabemos cómo superar, la cavidad continúa por un nuevo pozo. Aunque la falta de efectivos y de tiempo nos hace dejar la incógnita para otro año.




Sin movernos mucho de la zona también se exploran las nuevas cavidades encontradas, con diversos resultados. Algunas, muy prometedoras en principio, se quedan en unas decenas de metros. Incluso la SN9 por la que se oían caer las piedras bastantes metros y que tras una mañana empleada en desobstruir una boca llena de bloques, no quiso colaborar, cerrándole el paso a Juanillo a unos treinta y tantos metros. Sin embargo, otras sí nos dieron juego y algún que otro susto. Aquí hay que mencionar que Miguel, nuestra nueva y entusiasta incorporación a la campaña y al grupo, demostró ser un magnífico olfateador de simas encontrando varias nuevas y sobre todo una en particular: La SN6. Después de la exploración realizada por Gorje y Paco, en un par de días de duro trabajo, la cavidad quedaría instalada hasta unos -225 m (a falta de topografía oficial y medido a través de altímetro). Se trata de una sima con una aproximación de sólo cinco minutos desde el coche, grandes pozos, un paso estrecho y con peligro de caída de piedras. Pero en general, bastante cómoda. La cavidad continúa bajando con la misma tónica de pozos además de presentar varias incógnitas que habrá que revisar más adelante. Pero algo malo nos olemos cuando nos acercamos a la sima al advertir que nuestros compañeros tardan demasiado. Desde la boca oímos las quejas de Paco. Nos percatamos de que no usa el brazo derecho que lleva quieto, colgando. Por fin sale y nos relata el accidente. No sin antes, con una sonrisa, informarnos de los metros a los que han bajado y de que la cosa continúa. Cosas de bombero, supongo. Una roca ha caído desde unos cuarenta metros y le ha golpeado por encima del codo. El impacto le ha producido una buena hemorragia que han conseguido detener con una venda que llevaba él mismo en su botiquín. Aparte de tener cuidado con las piedras, aprendamos algo más de esto y llevemos siempre un botiquín. Le ayudamos a quitarse el equipo y Juanillo y Anna se van con él al hospital. Consecuencia del golpe: Fuerte contusión en el brazo con herida profunda (3 puntos de sutura) y rotura de fibras. Aunque podría haber sido peor.






Antes de este desgraciado suceso y de la gastroenteritis que ya se empezaba a manifestar, a Paco, Jose y a mí, nos había dado tiempo para revisar otro de nuestros objetivos, una preciosa, lejana y fría cavidad, la VL52, en el Vao de los lobos. Tras años de arduo trabajo desobstruyendo el caos de bloques en el que se encuentra la punta de exploración, este año se consigue forzar un paso para llegar, unos metros más adelante a otro paso bloqueado. Aunque en principio parece más fácil de desobstruir, se decide dejar que todo se asiente mejor e intentarlo otro año.




Pero la cosa no queda ahí. Después de años oyendo a los lugareños hablar de la cueva de los quesos que hay en la pared que mira a Tresviso cerca del Salto de la cabra, nos decidimos a buscarla. En un primer intento y desafiando los 800 metros de caída que separan la pista del fondo del desfiladero, no logramos encontrarla. Sin embargo, y siguiendo con la tónica de la campaña, encontramos otra cueva que queda pendiente de exploración. Unos días después, en un segundo intento y con la ayuda de un paisano que nos señala desde lejos el acceso, Jose y yo damos con ella. “Buenos quesos dicen que hace esa cueva”, nos comenta. Nos quedamos maravillados de cómo podrían llegar ahí los queseros caminando por semejante lugar. Por una empinada ladera, entre la alta y húmeda hierba, se adivina una senda que bordea el vacío. Nosotros incluso aprovechamos para atar una cuerda a unos anclajes que se instalaron en su momento con la idea de llevar turistas, lo que parece que no fructificó. ¡Y por ahí iban los paisanos con los quesos! Impresionante. Se trata de una bella e interesante cavidad, así como atípica en la zona. Con un desarrollo eminentemente horizontal, está plagada de formaciones, especialmente grandes racimos de excéntricas que nada tienen que envidiar a las de otras cavidades conocidas por este tipo de concreciones. Jose desciende el pocillo final del que nos habían hablado y que no continúa. En las salas anteriores, alguna de ellas de considerable tamaño, aún se conserva algún utensilio quesero y las baldas donde el queso picón adquiere el Penicillium que le da su sabor y aspecto característicos.




Y poco más, amigas y amigos. Este año, debido a la proximidad de la zona a explorar y la mejora de la pista, nuestro campamento base ha sido la casa de Bejes desde donde nos desplazábamos a las cuevas. Aunque en vista de los resultados de esta campaña hemos encontrado una zona idónea para montar un campamento a unos minutos de varias de las cavidades. Y como otros años, ha habido niebla, sol, pateos con vistas al mar de nubes y al de verdad, alguna que otra pulga, queso Picón, orujo de Liébana, pozos, chascarrillos, paseos nocturnos a la bolera, baño en el río, excursión a Sotres para visitar a La Gallega con el tradicional remolque de la furgoneta de Gorje con el 4x4 de Juanillo, fabes, cabrito y charla espeleológica por parte de la susodicha Gallega, cena final de campaña en la Hermida (con la visita del Txutxo y Agu), muuuchas risas, trabajo en equipo e ilusión por las expectativas para el año que viene. Así que ya saben jóvenes y no tan jóvenes, si quieren ser los primeros en ver y pisar un lugar jamás antes visto ni pisado por ningún humano en este abarrotado planeta no lo duden, Bejes es el lugar.

Texto: Juan Martín "Cuadro"
Fotografías: Juan Bueno "Juanillo" y Jorge Mateos

martes, 29 de agosto de 2017

Un espeleólogo novato metido a explorador


Mi querido y viejo amigo Jose, también llamado Hevia en el mundo cuevil por su faceta de gran soplagaitas (extraño vicio que también comparto con él), siempre que me lo encontraba en verano y le preguntaba: "¿Qué, Jose?, ¿qué vas a hacer en vacaciones?, ¿te vas a Piris?", él me contestaba con su parsimoniosa forma de hablar: "Me voy a la campaña de exploración en Picos, con el grupo de espeleo, tio". Y con cierto asombro, le interpelaba: "Ahh, carámba...¿buscando cuevas nuevas?...".

Yo que aún no había ingresado en esa secta de poceros un poco locos pero todos excepcionales personas y aún mejores compañeros, conocida como GE Flash, pensaba: "¿Cuevas nuevas?, peroo, en este mundo en el que el hombre ha pisado la luna varias veces, ¿aún hay cuevas sin descubrir?", y a continuación, dejándome llevar por un arrebato filosófico le decía a Jose: "Joerr, Jose, tío, ¿te has dado cuenta que cuando te estás metiendo en una nueva cueva sin explorar, es la primera vez que un ser humano pisa esa parte de la tierra?". Y nos despedíamos llevándome la sensación a casa de que a Jose a pesar de su silenciosa proeza, y por su grandiosa modestia, no le había hecho sentir ni por un instante como un segundo Neil Amstrong intraterráqueo.

Llegó el momento en el que los hados, el destino, o yo que sé que, me condujo a iniciarme en el maremagnun de cuerdas, cabos de anclaje, croll, arnés de pecho, etc, etc, y en el grupo de nuevo volví a oir las dos sugerentes palabras: "La campaña".

Inmediatamente, para un fantasioso como yo, se me venía a la mente la aventura, el pateo monte através explorando por los salvajes y bellísimos Picos de Europa..., aunque por otra parte pensaba: "Pero un pardillo como yo, qué pinta en una actividad reservada para avezados y aguérridos espeleólogos. ¡¡ solo voy a estorbar si voy!!". Por suerte, un día hablando con mi también viejo amigo el Dóctor, me quitó esa idea de la cabeza y me animó a que si me apetecía, fuese a la campaña. Así que con la modesta intención de portear material, montar tiendas de campaña o de hacer los bocadillos de jamón me lancé a la aventura.

Con la alegría acostumbrada, partimos el domingo a... LA CAMPAÑA, Jose Hevia, Juanillo, Juan (Cuadro) y yo. Así, codeándome con los grandes..., vaya osadía por mi parte.

Desde nuestro "campamento base" del aparcamiento de Lozoyuela, llegamos al precioso puebluco de Bejes, y ya había compañeros en la "casa". Paco y Anna del valenciano GE Tracalet, y nuestro querido Gorge (el Cordi para los novatos del Flash) e intendente de la expedición. También tuve la oportunidad de conocer al mítico Vicent, aunque dada su convalecencia de una reciente operación, en una versión mas descafeinada y comedida.


 - Posando a la puerta de la "casa". De izquierda a derecha, Anna, Vicent, Paco, Juan (Cuadro), Jose (Hevia), Juanillo, Miguel (Burri) y Gorge (el Cordi) -

Trás la primera noche de vivaqueo con Jorge en la bolera de Bejes, en parte para evitar a los compis la tortura de mis "respiraciones fuertes" y en parte para huir del aroma a pis y caca de gato de la "casa", llegó la primera mañana de la campaña.

Expectante, asistí al debate entre los grandes acerca de la actividad a realizar. Tras mil vueltas y piruetas dialécticas, parece ser que marca de la casa del GE Flash, se decide hacer trabajo de pateo y exploración, en busca de la Topinoria (dichoso nombrecito, hasta que me salió bien decirlo).

Tiempo de Picos. La mañana en Bejes estaba medio despejada, pero a medida que ascendíamos con dos coches por una pista de auténtico vértigo, se aproximaban negros nubarrones.

Comienza el pateo, y nada más empezar a andar encontramos la boca de la SN3. Juanillo, tira dentro de la boca sus gafas de sol, para así tener una excusa para volver un día a buscarlas. Pero el objetivo no era esa boca. Había que encontrar la Topi..., Topinoria (vaya nombre).


- Ya se nublaría, ya... -

 
- Juanillo, georeferenciado la SN3 con sus gafas de sol -

Organizados por Paco, y ayudados por gps, mapas, móviles, etc, cual batida para levantar al llobu o al osu, en linea, comienza el barrido monte através buscando la Topinoria, y porqué no, otros agujeros. Como no puede ser de otra forma en Picos, se nos viene encima la lluvia, el orbayu, la niebla...pero la batida continua ajena a las adversas condiciones climáticas. Anna, arrastrando un antiguo y molesto desgarre de fibras en la pierna... una heroina.

Al poco, encontramos la boca de la Topinoria y asisto a la evaluación de los expertos de la pobre y vieja instalación que hay, y de sus posibilidades.


- Mi madre, que instalación... -

Con la sensación del trabajo realizado, comemos, y regresamos con la intención de celebrarlo en el bar "El Teju" de Bejes con las consabidas cervezas (cacola para Jose), pero como hay que ser tenaz, hay que volver haciendo batida por otra faja de terreno por si aparecen otros agujeros, porque para eso estamos en CAMPAÑA. Asi que ¡¡ a buscar compañeros !!


- .... ¡¡ Por allí resoplaaa !! -

Y el puro azar hizo que al atravesar una zona de rocas y bloques, me pareciera ver un agujero. Me acerco. El agujero es oscuro, y como si supiera de esto, tiro una piedra a ver si se oye el golpe. Umm, parece que hay caida. Aviso a los compañeros. Interesante pozito. Mañana hay que volver.

Con el subidón por mi parte, de haber hecho algo útil, seguimos batiendo, y cerca de allí, otra lengua de bloques y rocas... y ¡¡otro agujero!!. Tiro la piedra, y ¡¡ parece que también hay caida!!

Serán bautizadas con los nombres, SN7 (la primera) y SN6 (la segunda).


- Anna, tomando posesión de la SN6, en nombre del Interclub Tracalet-Flash -


Al día siguiente, y ya con los objetivos bien definidos, se sube con el típico tiempo de perros, unos a explorar la Topinoria y otros a echar un ojo por si acaso tiran los agujeros esos que el novato ha descubierto.

Jorge y Paco abren brecha en la SN6, y la cosa tira...Al menos los "jefes", me dejan bajar el primer pozo. Anna se queda arriba, helada de frío la pobre.

Al regreso de la campaña, me enteré con gran emoción que la SN6, no solo tira con un pozo muy cómodo de explorar, llegando a un desnivel acumulado de - 200 m., sino que tiene pintar de continúar.

Como dice Jorge, tengo que "entrenar mucho" para el año que viene explorarla yo también.

Como unos paisanos nos habían hablado, vino y cerveza en mano en la tasca del lugar, de una mítica cueva en la que los pastores llevaban a madurar los famosos quesucos Picón Bejes Tresviso, y que estaba en el vertiginoso Salto de la Cabra, a la que regresábamos de la SN6 y de la Topinoria, hicimos un vano intento de encontrarla, no sin algo de miedito, por lo expuesto de esas cuestas de hierba peinada tan típicas de Picos de Europa.
Hasta los últimos días de la campaña no encontrarían la boca los compañeros. ¿¿ Cómo diantres bajarían los paisanos a la cueva cargados con el cuévano lleno de quesos y calzando unas madreñes ??


- Como para dar un resbalón... -

Solo me quedaba un día, el miércoles, porque el jueves por la mañana me tenía que volver ya a Madrid, pero sale lluvioso (que novedad), así que se opta por reservar fuerzas, y recuperarlas, y vamos a Sotres a comer.

Al menos tendré la oportunidad de conocer y experimentar otro hito mítico de la campaña...La Gallega, templo de la comida de verdad y "enxebre". Tras una aventurera travesía por una pista de vértigo, atravesando increibles hayedos, y con remolcado del Fiat 4x4 de Jorge, Fabes, Cabrito, y tartas de queso, Oh !! acompañados con la conversación y anécdotas de la dueña.


- Algunos, se saltaron la dieta ese día... -

A la que volvíamos de la zampa, y como estábamos en campaña, hicimos alguna que otra parada ante agujeros prometedores, que acabaron en eso, en prometedores, incluido un nicho en el que me metí cual oso hibernante, con la sospecha por mi parte de que se trataba de la típica novatada al pardillo...

En resúmen, una experiencia única, en la que pude hacerme una idea, una síntesis de la campaña. Faltó acampar en Las Vegas...pero eso, es otra historia.

Compañeros novatos, ¡¡ animaros para el año que viene !! ....el New Flash viene pisando fuerte.


Miguel Burri-Aquel que perdió la bota

lunes, 17 de julio de 2017

TXOMIN IV (15-Julio-2017)

La entrada por la boca de la mina del Cuco, de la que extraían blenda y galena en los años sesenta, da paso a un laberinto de galerías y túneles, (algunos de ellos conservando aún  parte de las primitivas traviesas y raíles). Números,  flechas, catadióptricos  y algún que otro hito de piedras  nos acompañan durante el recorrido de la mina  y nos  ayudan a encontrar el estrecho  túnel que accede al soplao que da paso al gran pozo de 130m, siguiendo también con atención  las explicaciones de la última reseña publicada  para no perdernos.  Aquí  comienza  la Sima Txomin IV.


La instalación de un primer pasamanos descendente nos ayuda a superar el primer "miedo psicológico", ya que sabemos que bajo nuestros pies tenemos una impresionante sala. Las minúsculas luces de los primeros que van llegando al suelo, nos sirven como referencia a los que todavía estamos colgados  y nos dan una ligera idea de las dimensiones de la sala y lo que aún nos queda por bajar.

Una vez agrupados todos de nuevo, nos dirigimos en busca de la no menos espectacular Sala Blanca. Impolutas y frágiles formaciones, literalmente  blancas, cubren parte de paredes y suelo. Un paisaje, podría decirse mágico y hasta casi lunar, que va cobrando vida al paso de las luces y sombras  de nuestros frontales. Intentamos no salirnos de las anteriores pisadas que ya han embarrado parte del suelo y avanzamos hasta el final de la sala.  Allí comemos y disfrutamos del entorno. Alguna foto para inmortalizar el momento y vuelta de nuevo a la gran sala para afrontar la "interminable" subida.


Ya en la cuerda mucho calor, cansancio y deseando llegar arriba. Esa sensación siempre la tengo en las cuevas pero, no sé por qué, se desvanece mientras espero a que mis compañeros terminen.

Como íbamos bien de tiempo,  antes de salir al exterior fuimos a buscar la Txomin VIII,  otro de los soplaos de esta mina. Pero después de recorrer las galerías siguiendo los hitos que parecían más evidentes y sin una descripción detallada por nuestra parte, al final se  convierte en una misión imposible. Un queso gruyere de galerías, ascendentes y descendentes que van de norte a sur y de este a oeste nos engulle poco a poco y finalmente nos hace desistir  de su búsqueda. Buen motivo para volver…




Texto y fotos:  Mª Angeles González Fernández

miércoles, 21 de junio de 2017

El G. E. Flash organiza por primera vez

La Noche Internacional de los Murciélagos

Cartel de difusión de la actividad del G. E. Flash

El pasado jueves 8 de junio, el Grupo Espeleológico Flash celebró la Noche Internacional de los Murciélagos en el barrio de Aluche de Madrid, de donde es originaria la agrupación. Esta actividad se realizó con la intención de dar a conocer dentro del mundo de las cuevas a un grupo de fauna tan singular a la par que desapercibido como es el de los murciélagos. Junto con el apoyo de la Asociación de Vecinos de Aluche, un total de aproximadamente 40 participantes se reunieron en la Biblioteca Municipal Ángel González, entre ellos, varias familias con niños y miembros de diversos grupos de espeleología.    

        A punto de comenzar con la charla de Introducción al Mundo de los Murciélagos.

La jornada de educación ambiental empezó con una introducción a la biología de los murciélagos, desmintiendo falsos mitos y creencias y enseñando las características que convierten a estos pequeños animales en verdaderos superhéroes. También se presentaron nuestras especies ibéricas, las metodologías que se emplean para el estudio de estos mamíferos alados y sus principales amenazas y medidas de conservación. Se recalcó la importancia de actuación al ver un murciélago o colonia dentro una cueva, intentando salir y molestarles lo menos posible, sin hacer ruido y con poca luz, especialmente en época de cría e hibernación. Y como todo superhéroe tiene su capa, la actividad continuó con un taller de disfraces para niños (y no tan niños), en el que se enseñó a través de un divertido juego a ciegas el papel de la ecolocación. Al llegar el atardecer, se llevó a cabo una estación de escucha en el parque de en frente de la biblioteca para descubrir a partir de un detector de ultrasonidos, la biodiversidad de murciélagos presente en el propio distrito de Aluche.

                                          
 Algunos "murciélagos disfrazados" preparados para jugar ecolocalizando.


La realización de este tipo de actividades tiene con fin último fomentar la colaboración entre dos grandes grupos amantes de las cuevas, espeleólogos y profesionales del mundo de los murciélagos. Desde el G. E. Flash, agradecemos la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid y de la Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos  (tres de los miembros del G. E. Flash son también socios de SECEMU). Y por supuesto, agradecemos la participación de todas las familias que nos acompañaron y que mostraron su sensibilidad hacia estos desconocidos animales, así como la difusión de la actividad, en especial, a la Federación Madrileña de Espeleología, Mi Petit Madrid y la AVA.

Algunos de los participantes debatiendo sobre la 
conservación de murciélagos a la salida de la biblioteca.




Elena Tena.

Fotografías de ©Mariángeles ... (Petina)


Enlaces de interés:

www.avaluche.com/
https://www.facebook.com/avaluche/photos/a.282649841861048.63395.269007149891984/1194404520685571/?type=3&theater
https://www.facebook.com/bpmAGonzalez/photos/a.963330963781916.1073741828.944694692312210/1305151876266488/?type=3&theater
http://www.fmespeleologia.org/
http://secemu.org/
http://wildmadrid.com/

http://www.ucm.es/



viernes, 17 de marzo de 2017

Primera experiencia en cuevas

Desde pequeños nos dicen nuestros padres: “No te asomes a las bocas de las cuevas que es peligroso y te puedes caer” e incluso, cuando te cautiva una cueva y te asomas cerquita de la entrada, impone y tu propio instinto hace que rápidamente uno eche un pie para atrás. Sin embargo, este fin de semana la cosa cambió. Con un buen arnés y todo el material de seguridad necesario, eché las piernas hacia adelante y de espaldas y cuerda en mano, poco a poco, me fui introduciendo en mi primera sima vertical… me introduje por primera vez en el mundo de la espeleología.

Practicando el primer día en paredes en Patones.

Sábado 11 de marzo, día soleado y en pleno Cañón del Río Lobos, con los nervios a flor de piel, nos acercamos prontito en la mañana a las simas MA-11 y Candelones. Ya habíamos estado practicando el fin de semana anterior en las paredes de Patones de Abajo, para familiarizarnos con los diferentes instrumentos de ascenso y descenso (cuyos nombres el primer día de clase nos sonaban a “ruso”, como diría Quequet) pero sobretodo, habíamos experimentado la sensación de estar colgando con todo tu peso sobre una cuerda, la línea de vida. A unos se les dio mejor que se nos había dado a otros… y no por los profes precisamente, porque todos nos enseñaron muy bien y tuvieron mucha paciencia con nosotros. Sin embargo, poco a poco, cada uno habíamos ido practicando subir y bajar verticales, y no sólo eso, sino además otras complicaciones como pasar péndulos, “rozacuerdas”, nudos y pasamanos, por lo que ya le habíamos cogido más o menos el tranquillo a esto e incluso, hasta el gustillo. Pero ahora, llegaba la hora de la verdad, nos teníamos que encuevar.

Quequet y Gorje, “el cordi”, enseñándonos el primer día todo el equipo.

Como era lógico, nos dividimos los compis de iniciación para poder ir más seguros y a gusto en las cuevas. La primera mitad iría a la sima del Carlista y la otra mitad de nosotros íbamos a bajar a Candelones. Como a veces nos contaron que sucede, coincidimos con otro grupo espeleológico que también tenía permiso, y finalmente, fueron ellos los que bajaron mientras que nosotros nos decidimos por la MA-11. ¡Y buena decisión! Una cueva muy chula que está formada por dos pozos, el primero de 20 metros pero que es ciego y en el metro 14 tiene una galería de acceso al segundo, de unos 15 metros que ya sí finaliza en una galería horizontal con varias cámaras muy interesantes. Llegamos a la entrada de la sima ya con todo el equipo preparado y con previa revisión de nuestros maestros Cali, Alberto y Carmelo, que se portaron de diez de principio a fin, ya sea fuera o dentro de la cueva. Como una servidora comentaba, otros habían sido más ágiles en las paredes así que yo fui la primera en bajar después de Alberto que iba montando cuerda. Como nos habían comentado en varias ocasiones, éste es en realidad el momento más peligroso de la espeleo y donde más accidentes se producen, pues la gente es cuando más confiada está y menos precauciones toma. Por lo que, lo primero de todo, antes de acercarme más, fue coger mis cabos de anclaje y asegurarme al pasamanos.

La boca de la sima MA- 11.

Poco a poco, me acerco al primer fraccionamiento y voy repasando en mi cabeza uno a uno los puntos que tengo que hacer para poder empezar a descender: “Recuerda, Elena, siempre al menos dos puntos de seguridad… primero me tengo que anclar con el cabo corto al mosquetón, monto el descendedor, gaza de seguridad, monto el pato…”. Cali observa pendiente mientras me pide que le vaya recordando los pasos para asegurarse que voy haciendo todo bien. Y ya está, Alberto me espera abajo y en principio ya podría desanclarme y comenzar a bajar. La primera fase, en mi breve experiencia, tengo comprobada que es la peor pero a la vez la más gratificante. Aún te encuentras oxidado desde la última vez, y la parte de dejarte caer al vacío cuando aún no notas tensión en la cuerda es una sensación extraña como comentamos María y yo el primer día que lo probamos. Pero como había ganas de conocer la cueva por dentro y sabía que luego me iba a encantar, poco a poco, me voy dejando caer y cuando mi cuerpo cambia de ángulo a la vertical, por fin, noto la tensión en la cuerda, como aún tengo la gaza de seguridad (que no garza), coloco mejor mi postura hasta que me encuentro más cómoda y poco a poco comienzo a rapelar… y la sensación es maravillosa. Pensaba que estaría más pendiente de los aparatos, pero al haber hecho ya pruebas el finde anterior y haberles cogido confianza, me llaman más la atención esos colores verdes de las paredes de la sima, el ir notando como se va cubriendo todo de oscuridad, percibir un microclima distinto… e intentando no pegar las rodillas y llevar una postura correcta, llegamos a la parte divertida… el péndulo! Alberto me espera en el otro lado para poder continuar el recorrido de la cueva y despacito, bajo un poco más de los 14 metros y comienzo acercarme con ayuda de la cuerda hasta el fraccionamiento. Me anclo al siguiente fraccionamiento y saludo a Alberto, con una sonrisa tonta que refleja el subidón del primer tramo superado y una vez en tierra, hace que le pueda gritar a mi querida amiga Chus que me espera detrás: ¡LIBRE! Y así, esperamos mientras van bajando el resto de compañeros y una vez está Cali abajo, nosotros seguimos con el recorrido. Una vez preparada la siguiente cuerda, me dispongo a rapelar el segundo pozo de apariencia más larga pues se encuentra tras un estrechamiento abierto hacia el interior de una cámara mucho más grande y amplia… una maravilla… Este descenso lo disfruto aún más, pues da para rapelar tranquilamente y en seguida estás abajo. No sin antes parar a mirar todo mi alrededor… repleto de una geología que deja sin habla. Al igual que Chus, que parecía que no quería bajar, preferíamos aprovechar un poco más de las vistas.

Chus, bajando el segundo pozo de la sima.

Una vez ya en el suelo, y con las felicitaciones de Alberto, que suben el ánimo a cualquiera, nos adentramos en la primera cámara, la de la izquierda, más pequeña y con unas estalactitas preciosas. Pude disfrutar de otra de las increíbles oportunidades que te brinda la espeleo y es de la fauna cavernícola que tanto me gusta. Un par de murciélagos de herradura grande (Rhinolophus ferrumequinum) se encontraban descansando y con cautela para no molestarles, nos retiramos a la galería principal de la derecha. Allí, ya junto con el resto del equipo (Chus, Cali, Jose y Óscar) pudimos apreciar mejor que la cueva se trataba de una cueva fósil, que ya no estaba más en formación, y por lo tanto, más seca y con unas formaciones asombrosas: banderas, columnas… Pero sin duda, las que más captaron mi atención fueron unas estalagmitas con aspecto de vela, ¡eran una pasada! Parecía mentira que esas estructuras se hubieran podido formar en miles de años por goteo y que hubieran llegado a semejantes alturas. Por supuesto, fue el mejor lugar para hacernos la foto de grupo, y tras un rato de cargar energías con frutos secos y barritas, tocaba el momento más duro, el de subir de vuelta al mundo exterior.



















Todos disfrutando dentro de la cueva: a la izquierda, los Carlistas; a la derecha, en la MA- 11 con la estalagmita en forma de vela.


La subida es lo más costoso en cuanto a esfuerzo físico y motivación. Pero después de que Alberto me dejara al vía libre, eché mano de la ayuda del que creo será mi mejor amigo en la espeleo, el pedal, y con el croll y el puño anclado, sujetos a la cuerda, comencé a subir pasito a pasito. Rápidamente, entraban los calores de nuevo si nos habíamos quedado un poco fríos almorzando, y era necesaria alguna parada para descansar, pero en realidad, no dejaba de ser algo placentero pues las vistas seguían siendo impresionantes… Superada la subida del pozo y tras la llegada de Chus, volvimos al péndulo donde nos encontrábamos con otro momento intrigante, pues había que hacer un poco el Tarzán (pero con cabeza), y siguiendo el ejemplo de Alberto, y con el descendedor a modo de freno, nos dejamos caer hasta la vertical, para poder seguir ascendiendo, en una subida que se hizo un poco más difícil por el cansancio y la complicación de algunos momentos a la hora de apoyar los pies, como el tramo en volao, pero que finalmente superamos. Y a pesar de estar ya casi fuera, la cabecera resultó ser la parte más complicada. El sol que se nos había olvidado, seguía ahí fuera y estaba en su máximo esplendor, apretando fuerte. Para anclarme en el último fraccionamiento no era capaz de llegar con el cabo corto y además la tensión producida en la cuerda por mi propio peso hacía que me resultara mucho más complicado de pasar el puño y el croll. Sin embargo, con los consejos de Alberto y los salientes de roca con los que me ayudaba la propia cueva, conseguí salir y poner los pies en suelo firme, hasta alajarme del pasamanos mientras me giraba triunfal hacia la boca de la cueva, observando de donde recién venía y dejando saber que estaba ¡Libre del toooodo!
Contenta, celebraba con Alberto mi primera sima vertical y poco a poco, íbamos saliendo todos y la alegría se manifestaba en nuestras caras como niños pequeños con juguete nuevo. Como, casualmente, diría mi profesor Juande de geología y del que mucho me acordé: “Mereció la pierna”. Todos volvíamos orgullosos como espeleólogos flasheros, principiantes pero orgullosos, con ganas de bajar a más simas y de que el resto nos contara qué tal se les había dado en la otra sima. La jornada fue un éxito, también para los Carlistas, y los buenos momentos del día se sustituyeron por grandes ratos a la noche, ¡¡no todo iban a ser sólo cuevas!! Para nuestra suerte, al siguiente día Cali nos tenía preparado un juego muy divertido y del que disfrutamos un montón pues pudimos conocer otras cuevas y sobretodo, volver a ponernos el equipo y quitarnos el mono de subir y bajar más cuerda para poder superar una serie de pruebas que finalizaban con nuestra genial bienvenida al Grupo Espeleológico Flash! =) Fue todo un final de fin de semana que estuvo “muy a la altura”, y nunca mejor dicho.

En la parte final del juego, contentos con nuestro recibimiento oficial al G. E. Flash.

Personalmente, como bióloga siempre he disfrutado mucho de la naturaleza y fue alucinante poder vivir esta nueva experiencia, disfrutando de ella como nunca antes había hecho y desde una perspectiva completamente nueva para mí, superando retos. La MA-11 ya forma parte de un gran recuerdo, pero sobretodo, los que son parte de algo importante son los compis con los que he disfrutado tanto mi inicio en la espeleología (todos, monitores y neófitos), pues el G. E. Flash ha hecho que nos hayamos sentido desde el primer momento como en casa y acogidos por una gran familia, aprendiendo, disfrutando y sobretodo, echándonos unas buenas risas… Porque al final todo esto lo hacemos para eso, para pasarlo bien y disfrutar todos juntos y para mí ha superado con creces mis expectativas. ¡¡Esperando ya la próxima salida con muchas ganas y deseando que sea la primera de muchas cuevas!!

El grupo al completo, todos culpables de que pasáramos un finde tan divertido.


Elena Tena